La música del horror
Lo que me pasa cuando leo algo fuera de la común, algo con una voz tan singular, algo que me hace vibrar tan diferente a lo habitual es esto.
Primero, euforia.
Segundo, admiración por la autora.
Tercero, tristeza porque no fui capaz YO de escribir eso mismo.
Superadas todas estas etapas que van de la sororidad más magnánima al narcisismo más odioso, van estas líneas para contarles de qué va este Si las cosas fuesen como son de Gabriela Escobar (Criatura Editora, 2022), premio Juan Carlos Onetti 2021.
Escobar Dobrzalovski nació en 1990 en Jacinto Vera, según el semanario Brecha, está cursando el último año de la licenciatura en Artes Visuales de Bellas Artes y el de la tecnicatura en Dramaturgia de la Udelar. La música parece haber tenido un peso importante en su vida porque nombra a Renée Pietrafesa como una de sus profesoras claves. Pietrafesa fue una compositora y pianista uruguaya y francesa muy genial. Igual si no supiéramos este dato, lo tendríamos claro al finalizar el libro, porque leerla es escuchar un ritmo, una melodía nueva, unos compases singulares.
Si necesitan etiquetar, quizá pueden decir que esto es "autoficción", no importa demasiado ... aunque en realidad a mi me interesa saber si la autora siente que la narrativa refleja su vida tal cual ella la guarda en su cuerpo. Si de verdad siente ese horror cada día respirando bajo su piel. En todo caso, lo que relata es la ruptura con su pareja y su necesidad de volver a la casa materna, retorno que la convoca a bucear en su genealogía.Hay una madre a la que llama La Tumbona y un padre que es "la mala palabra".
Hasta ahí, el "cuentito", el tema es cómo cuenta ese "cuentito".
Tremendo.
Hay que ser muy valiente para tejer cada línea de esta trama que echa mano de técnicas narrativas muy personales: hay instrucciones explícitas al lector para que vaya dibujando la escenografía, hay un tomar a la geografía como personaje (muy a lo Tatiana Tibuleac), hay un jugarse entera en cada línea (el cuerpo de la autora está ahí, encendido en cada palabra: "Digo familia como digo desplazamiento de vértebra"). Y, claro, hay un sentido del humor maravilloso que acompaña el horror.
Subrayé casi todo el libro, no paré de decirle a mi esposo "escuchá esto" y creo que le leí el 70% del relato. Aquí van algunos fragmentos:
"Mi familia es un caleidoscopio detonado, nadie quiere agacharse a juntar los pedazos.
De la guerra y de los que quedaron atrás no se habla. Intento aprender los nombres. Anoto en hojas y me mareo en las ramas. Nuestro árbol genealógico flota, sin raíz, en un estanque de saliva. La madre de la madre de la madre de mi madre. Pienso esa torre de madres y cae como un dominó, imposible de ordenar.
Como si nadie quisiera estos apellidos.
Como si los nombres perdieran letras.
Como si las cosas fuesen como son"
"Quiero salir corriendo, pero soy una persona que fue a la escuela y al liceo y aprendí a hacer cosas que no quiero hacer"
La descripción del ocaso de una tía abuela -Nelly- es imperdible. "No murió ese día, a pesar de haberse puesto un nailon en la cabeza, una bolsa de ese supermercado que tiene de logo una carita feliz. Nelly sabía que una vecina había concretado exitosamente un suicidio usando una bolsa de ese mismo supermercado, pero ahora las hacen biodegradables y no ahogan lo suficiente"
Léanlo, por lo que más quieran, léanlo.