Deslizarse en lo no dicho
"El abuelo ha muerto y Ana regresa a la casa materna después de más de diez años. El pueblo de su infancia ya casi no existe: la casa está aislada entre unos cuantos ranchos vacíos, y pronto venderán también los campos. Volver supone el reencuentro con su madre y su abuela".
Así empieza la contratapa de este libro silencioso. Es silencioso por varias razones. Porque la prosa transcurrió sin sobresaltarme y me atravesó cada célula directo al alma. Porque guarda silencio sobre los nudos narrativos, no los nombra, echa sombras y es el lector quien deberá sacarlos a la luz. Sousa exige y asume que somos lectores que podrán fluir con ese silencio con comodidad y que irán llenando esas oscuridades que vinculan a estas tres mujeres, como mejor les salga.
El entorno, ese campo y esa casa inhóspitos, acompañan este relato que es sinuoso, que se va desplegando como una víbora y que revela, además, el amor, ese amor epidérmico entre estas tres mujeres.
Nota: Si les gusta, déjense llevar a otro libro que de alguna forma relacioné: La Concordia de la también argentina, Carolina Sborovsky. Los leí muy cerca en el tiempo y tienen muchos puntos de contacto. El retorno a lo rural luego de una larga ausencia, un relato aparentemente anodino que esconde secretos complejos y el entorno como personaje en sí mismo. Y esa sensación de ir deslizándose en lo no dicho.
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