Crónicas de viaje
La mirada de Martín Caparrós me mata. Literalmente. Porque quedás con el corazón fulminado y la mirada agotada después de recorrer los caminos del mundo con él. Pero claro, entendés un poco más de qué viene la vida.
Las crónicas contenidas en este libro datan de fines de los ochenta y principios de los noventa. Hay un Hong Kong escindido entre el capitalismo y el comunismo, hay un recorrido por los caminos bolivianos que recorrió el Ché Guevara antes de morir, hay un infierno de Dante que, comparado con el centro de Lima, es heaven, hay dos párrafos que resumen toda la historia de la Rusia desde la revolución hasta ahora y hay algo en todas esas columnas que tiene un nombre: libertad.
A Martín Caparrós le importan tres carajos las correcteces políticas y entonces, queridos, esto es un festival de manos libres en la escritura. Llama por su nombre a lo que hay que llamar por su nombre, es valiente, utiliza todo el espectro del idioma español, hay matices y hay, sobre todo, una vocación por hacernos participar de lo que ve. Y mirar a través de los ojos de Caparrós, créanme, es una experiencia que hay que vivir. Porque es un erudito, porque tiene un sentido del humor que me da vuelta, porque tiene piedad, porque es astuto, porque tiene algo de antiguo.
Van algunos fragmentos para que, después, salgan corriendo a comprarlo.
Miren por favor la dedicatoria, ya lo empezás a amar: "Para mi madre, ahora que entendí"
¿Saben qué? Hace una hora y media que entré otra vez al libro a buscar fragmentos para ustedes y volví a leer algunas crónicas. No les transcribo nada, hay que leerlo entero. Confíen en mi, vayan y léanlo.