Padre e hijo
Lo empecé un viernes y quedé aferrada a cada palabra hasta el siguiente martes de madrugada que lo terminé con sentimientos encontrados.
Maravillada por la escritura cada vez más potente de Sacheri y conmovida por la historia. Una historia que nos lleva al 1975 argentino, nuestro uruguayo "Año de la orientalidad", dividido en cuatro partes correspondientes a las estaciones del año: otoño, invierno, primavera y verano. En ese lapso, dos amigos de Castelar, ciudad del gran Buenos Aires, ambos pertenecientes a grupos revolucionarios (Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo), comparten con nosotros, los lectores, sus ideales, sus acciones de insurrección, que incluyen secuestro, ejecución y más.
La novela, con un encare coral, nos hace ver cada gesto, cada acción desde la mirada de los involucrados: secuestrador y secuestrado, por ejemplo, pero también según la jerarquía en cada unidad de combate; no es lo mismo liderar una ejecución que ser un participante más.
Sacheri es un maestro del diálogo. El relato está lleno de intercambios que vemos como en el cine ... siempre el protagonista es para mí Ricardo Darín, es como si viera la película; no se olviden que dos novelas de este autor fueron llevadas al cine con Darín liderando el elenco: El secreto de sus ojos y La odisea de los giles. La historia es desgarradora, sí, pero los diálogos alivianan la carga, están llenos de humor y de esa cosa tan porteña que amo, una especie de uruguayez pero que brilla, va rapidísimo y está repleta de ternura también.
Personalmente prefiero pensar que los dos que transitan la tormenta del título no son esos dos amigos que propone Sacheri. Elegí tomar al padre y al hijo. Es, para mi, este dúo el que atraviesa ese año tan doloroso, cada uno como puede. Elegí al padre seguramente por un tema generacional y porque es el único que habla en primera persona, el resto de las miradas son desde la tercera persona. Mi corazón se quedó enganchado al padre que observa y siente y no sabe cómo y a veces sí sabe cómo, acompañar a ese hijo revolucionario que se le escurre de las manos. Y me gustó encontrarme con personajes masculinos que me interesaran, últimamente siempre elijo leer a mujeres y no por un tema de "intención feminista", sino porque simplemente me convocan más estos universos.
Última anotación, siento que la mirada de Sacheri sobre estas dos organizaciones y, por extensión, del concepto de revolución de aquellos años, tiene un toque de ironía. No sé si es intencional o si soy yo como lectora que estoy aportando ese estado de ánimo como de "miralos, tan disciplinaditos y con una utopía tan poco aterrizada" , hay como un desencanto, un desapego ... algo que no me gusta de mi, que es medio inconfesable. Así que mejor me lo guardo y les escribo, desde acá, léanlo y vean si les pasan cosas.
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