El libro tan temido
"Cuando me trasladé de Chisináu a Paris, llevé conmigo algunos libros de relatos que fueron mi refugio. Los tengo en una estantería aparte, y en mi casa los llaman 'los libros de mamá'. No porque sean míos, sino porque soy la única de la familia que puede leerlos. La lengua en que fueron escritos se ha perdido. 'Y ni siquiera debería haber existido', les digo a mis hijos siempre, luego me callo y no añado nada más. Una lengua, como un invierno, no puede ser explicada" .
Así comienza la nota de la autora de El jardín de vidrio de Tatiana Tibuleac (Impedimenta, 2021). No sé ustedes, pero yo tengo libros que son refugio. Y esta segunda novela de Tatiana podría ser uno. Por varias razones. Porque Lastochka, la huérfana y narradora de esta novela epistolar dirigida a los padres que jamás conoció, es un personaje multidimensional: es la tristeza metida en los huesos de la infancia, es la capacidad de ver la luz en la miseria, es la inocencia perdida en un parque. Porque hay un permanente juego con las palabras, toda la novela es un puente entre el rumano y el ruso, entre Moldavia y su "Madre Rusia", hay palabras en caracteres cirílicos que son bellísimos y hay siempre una dualidad a la hora de nombrar.
Lastochka es una pequeña abandonada en un orfanato terrible y luego es adoptada por una anciana más terrible aún que la obliga a ganarse el sustento como botellera en las calles de Chisinau. El universo mirado a través de sus ojos es crudo, hermoso y complejo.
Si todavía no leíste a Tibuleac, no tenés goyete. Anotátelo como pendiente y, ni bien puedas, acercate a ella. No te va a defraudar. Te lo digo yo que el año pasado me obsesioné con su primera novela, el hit editorial El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019). Y tenía miedo de esta segunda entrega, la vara estaba tan alta que no me animaba a acercarme. A veces es mejor tener un encuentro fugaz e intenso que varios destinados al fracaso, pensaba mientras dejaba pasar la oportunidad de leerlo. Finalmente me arriesgué. Y te digo: "Tirate que hay arenita. Un montón".
También les cuento que recién terminé Cuál es tu tormento de Sigrid Nunez y Las gratitudes de Delphine Vigan. A la primera le tuve paciencia y lo empecé a disfrutar justito en las páginas finales. El segundo es una belleza. Después les cuento con más detalle. Si ya los leyeron me interesa saber qué tal.
Para ir terminando, sepan que estamos a full con Libros&Co, nuestro club de lectura. Retomamos en marzo y el primer encuentro se viene recargado. Te invito a integrarte a nuestra comunidad lectora